Una tarde cualquiera en un banco cualquiera una pareja como el resto pierde su tiempo en un banco de cualquier parque.
Ambos sentados en su banco de siempre con una fecha grabada a navaja que los hacía sonreír.
El chico de mirada distraída y rostro serio clavaba sus ojos en la mirada azul de su chica, ella hablaba, él hacía como que la escuchaba interesado, pero su mente andaba perdida en el mar que ella tenía por ojos.
La chica le contaba su día en clase mientras se apoyaba en su hombro, él con una inocente sonrisa solo atinaba a contestar: "Te he echado de menos".
Entonces los dos se fundían en un abrazo que el resto del mundo envidiaría. Parecía sincero y cálido como pocos, un abrazo de puro amor.
Parecía que nada los separaría, solo lo parecía...
En la vida de este chico apareció el diablo, no era rojo, no llevaba tridente, ni siquiera tenía rabo, era blanco y venía en chivatos.
Al principio discutían y él decía: "Yo controlo". Pero las últimas palabras que cruzó con ella fueron:
"Lo siento, me controla".
La chica se dio la vuelta y se fue, tras un abrazo frío se fue para no volver.
Todo terminó en aquel momento, llegó el final del cuento.
Al pasar un tiempo el chico quiso volver a sentarse donde siempre, pero cuando llegó no había fecha a navaja, no había banco, no había parque, ella no estaba.
No quedaba nada.
Entonces pensó:
"Te echo de menos".

No hay comentarios:
Publicar un comentario