sábado, 22 de septiembre de 2012

Las agujas del reloj

Mirando el techo con las pupilas dilatadas repasando mi drama tumbado en la cama.
Buscaba razones aunque no se bien donde, quería mi felicidad pero esta se esconde
Esa era mi vida sin razones ni "porques".
Mi vida resumida en diez o quince renglones, diez o quince renglones que nadie se molesta en leer.

"Tienes que aprender, tienes que crecer". Me repite mi madre una y otra vez, después de cada amanecer, después de cada herida mal curada y cicatrices mal cerradas, aprendí a sobrevivir, que no a vivir, que más hubiera querido yo que ser normal.

Ser normal, ese chaval que presentar a tu madre como tu novio formal. Ya ¿Y qué más?
Es lo que tiene soñar, que pasa factura, el que sueña no madura y aquí sigo con la soga al cuello por todo aquello que un día no afronté
Que mi mundo va al revés, todo el mundo lo sabe, yo también.
Ya es hora de levantarme y hacerle frente a lo que venga, aunque nadie me entienda, pero no valgo ni para eso soy demasiado cabezón y siempre le doy cinco minutos más a mi despertador.
Y así día tras día retraso mi hora de levantar y vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario