A mamá no le gusta, no le gusta nada lo que comenta la vecina del segundo con la del primero mientras suben a tender la ropa. Comentan que su hijo se a torcido, que va por la calle y ya no es el mismo.
Que anda por la calle a rumbo perdido, sentado en un banco acompañado de un litro, que los únicos papeles que no pierde desde hace meses son los del librillo, que sin OCB él no se ve consigo mismo.
El vicio saca a la cabeza del niño de quicio, parece que viva al borde de un precipicio viendo la vida por debajo pasar.
¿Por qué esta así? ¿Quién lo sabe?
Puede que ni él mismo sepa porque busca falsas sonrisas detrás de un peta.
"Quiero ser feliz, quiero sonreír", no para de repetirse el chico mientras sube la cuesta hacía un barrio que tu no pisarías en busca de su pico. Dobla la esquina, entonces el mundo pierde de vista la capucha del chico que esconde su rostro de gesto inexpresivo.
Como cada tarde el hijo de esa madre dobla aquella esquina y se sienta en aquel parque, mientras ve unos niños soñando, corriendo tras un balón, se enciende uno, que esta a vez no será a medias si no es con su bic.
Escribe unas líneas sentado, para vaciarse el corazón, líneas que después acabaran en una papelera o en un rincón de ninguna parte.
El chico apaga el móvil para buscar tranquilidad, capucha arriba, cascos, peta y SFDK.
No es nada especial el chico, una historia como las demás, te lo digo yo que corro la "suerte" de conocerlo.
Pero si quieres saber quien es pica y pregunta por "El chaval del tercero".

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