Me lo rulo con cuidado, con cariño igual que cuando acariciaba tu espalda, el pellizco bien cogido dejando la uña en la boquilla, para no dejar nada a la suerte, prensándolo fuerte.
Los ojos ya escuecen, el cuarto apesta a polen, o quizás a verde no alcanzo a distinguir. Escribo líneas sin sentido en el cuaderno del rincón del escritorio lleno de folios arrugados con tu nombre escrito y renglones torcidos que no dicen nada.
Fuera llueve, o quizás no.
No lo sé, me giro buscando inspiración, pero recuerdo que la cama esta vacía, entonces mis ojos... Irritados rojos como el pintalabios que marcó mi cuello la última vez.
Se cierran, noto el latir del corazón que va a rastras en mis cabeza, en la habitación 40º pero por dentro tengo frío.
Mi puta cabeza no me da tregua, suelto el bic, la mente esta en standby, el punto rojo fijo. Fijo como mis ojos clavados en ese hueco donde había un cuento, echo a volar en mi imaginación.
Empiezo a verte por mi habitación echada en mi cama tirándome del brazo para que suelte el boli y deje de dedicarte líneas.
-Quiero leerlo, decías
- No esta acabado, contesté, como siempre.
Te acercaste a mi oído para terminar de convencerme, cuando me fijé llevabas mi camiseta del Inter, la misma que hacía escasos veinte minutos adornaba el suelo del cuarto.
A tirones otra vez, empezamos a mordernos, como si mañana el mundo fuera a terminar, marcar por el cuello y adornos en la piel "te quieros" que se me iban dibujando en la sien.
Entre mordiscos, sudor y gemidos nos prometimos un mundo que hoy nos tiene hipotecados.
De fumada escribo esto, en el mismo sitio, esperando ese tirón del brazo que me haga soltar el boli y esa voz en el oído que consiga que me gire.

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