Estaba a oscuras, todo muy relajado, pero en ese momento empece a escuchar:
-¡Papá, papá!
Los ojos se me abrieron poco a poco dejándome ver cada vez más clara la cara de un niño que me miraba con los ojos más tiernos que creo recordar.
¡Levanta, levanta, corre! Me decía, yo algo desubicado seguía al pequeño que corría nervioso tirando de mi brazo.
¿Qué pasa? Le pregunté al pequeño.
-Papá siempre estas igual, ¡El partido!
¿Papá?
Me centré un poco más en el pequeño, se dio la vuelta y llevaba una camiseta con un "4" en la espalda, su cara me sonaba, me recordaba al alguien.
Fue cuando al girarme chocó mi cara con un espejo.
¿Qué coño es esto?
Cuando en mi cabeza solo había preguntas y me levantaba el cuello de la camisa buscando el tatuaje me tocaron la espalda y una voz que me erizó la piel me dijo:
-Venga, que llegamos tarde al partido.
Esa voz me sonaba, había sonreído antes escuchándola.
Tiró de mi mientras yo seguía mirándome la tinta del pecho, me miro con cariño y me dijo:
-Estas loco, pero te quiero
Tiró de la puerta y el golpe me despertó.
Me levanté y salí de mi habitación diciéndome:
-Tengo que dejar de fumar, los sueños no son realidad.

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