Volví a casa, eran las 6:30 de la mañana, me crucé con las miradas que se levantaron antes que el sol, subí la cuesta que llevaba a mi casa dibujando serpientes en el suelo con el baile de mis pies.
Haciendo el camino de vuelta deje a la luna irse a dormir, apareció el sol y empezó a quemarme mis castigadas retinas.
No caminaba recto, a esas horas, uno de mis miles de defectos, encontré el portal se me hizo más difícil que lo de la aguja en el pajar.
Probando suerte di con la llave y entre al salón, todo estaba a oscuras mamá esperando en el sofá dormida, por unos segundos me paré a pensar que estaba haciendo con mi vida, a tientas conseguí llegar a mi habitación.
La cama desecha del día anterior, la almohada por el suelo, el olor a polen y en el escritorio un par de folios arrugados con su nombre.
Y en ese momento decidí romper, romper con todo, folios, canciones y fotos, todo.
El cuadro de la pared.
Las letras.
El álbum de fotos.
El "nosotros".
Mis recuerdos.
Mi pulmón.
El corazón.
Lo único que no rompí fue el cuaderno aquella noche, porque la inspiración siempre vuelve y no se sabe cuando y donde.

Amor pa' esto, pero más para ti.
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