Y abrió los
ojos, se sentía dolorido y desorientado, no sabía donde estaba le dolía todo el
cuerpo y se levantó buscando un espejo en aquella habitación para verse la
cara.
Entonces una
enfermera de simpática sonrisa le sorprendió por la espalda preguntándole como
estaba.
- Bien,
supongo. Respondió algo confuso.
En en su
reflejo solo se veían cicatrices y costuras asomando por su cabeza.
Su mente
empezó a regalarle imágenes sueltas.
Volaba alto,
tan alto como dicen que llegas cuando estas enamorado, pero la suerte se cruzó
en el camino y le quitó las alas sin preguntar.
Ahí comenzó
su caída.
Mientras veía
como su cuerpo se acercaba al suelo sin salvación posible por delante de sus
ojos pasaron sus errores uno a uno, los "Te quiero" que se cayó y los
"Lo siento" que nunca dijo a tiempo.
El suelo cada
vez más y más cerca pero entonces la voz de la enfermera lo sacó de su viaje.
- ¿Desde
dónde te has caído para terminar así?
- Desde el
amor más grande que puedas imaginar. Respondió.
- ¿Por eso
tanta marca?
- Las que más
duelen están arañadas en el alma.
La enfermera
salió de la habitación, dejándolo solo, buscando su propia calma.
Pero el
chaval se fue, quería volver a lo más alto del amor, desde donde había caído,
con muchas cicatrices pero sin gota de miedo el el cuerpo tenía claro que
quería volver a subir ahí, volver a sentir, volver a enamorarse. Así que se
fue, dejando solo el boli sobre el papel, dejando vacía la 410.

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