El despertador
sonó, se giró, palpó, pero ella ya no estaba, lo abandonó.
Entre
lágrimas y alcochol ahogó los recuerdos que aún flotaban en el vaso, su mejor
historia fracasó, ella ya no estaba se fue sin decirle adios
Solo y con
ojeras, se puso como objetivo la autodestrucción, con los ojos tan rojos no
veía más opción.
La perdió a
ella, perdió su estrella, perdió su guia, otra vez solo miles de resacas junto a noches de cama fría.
Amanecer tras amanecer se maldecía prendiendo su ruina
liada en un papel.
Buscando la
razón, buscando sus motivos, entre los restos de vómito después del ron.
Entar a
tientas en casa era un continuo, pero en la cama ya no encontraba sus piernas,
encontraba la sangre seca en la almohada y el olor a ruina del día anterior.
Por la casa
en cada esquina su olor, frente al espejo un perdedor, en cada insomnio su voz, dulce como la miel,
como el roce de los labios con su delicada piel.
Todo se
rompió y ahí se quedó él, preso de su amor, preso de su ayer.

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