"Me muero de frío tío" me gritaba el pecho mientras yo encendía otro.
No podía ser era Agosto, hacía 40º se rompió mi termostato interno de tanto usarlo.
Los pies y los ojos apuntaban al techo, estaba cual cadáver en caja de pino, sin sentir ni padecer ignorando al mundo porque él era el ignorado.
No sabía sentir, ni vivir, no era siquiera su cuarto, no sabía que hacía allí. Quizás llegara allí tras una noche de reproches internos con su conciencia y el intento fallido de vomitar la culpa a base de alcohol.
En la boca un amargo sabor a ron mezclado con resignación, parecía ser que ese era su destino.
Nadie lo guió nunca, él escogía su camino, escribía sus propios renglones con mala letra y cada vez más torcidos.
Sin amor, sin conciencia un auténtico desconocido incluso para si mismo.

Una gran entrada. Me ha gustado cómo has descrito ese vacío interior que a veces cuesta reemplazar. Un saludo desde http://marisa-dulcetentacion.blogspot.com.es/?m=1
ResponderEliminar